El nucleo del rendimiento en Inteligencia Emocional

El nucleo del rendimiento en Inteligencia Emocional

EL NÚCLEO DEL RENDIMIENTO

El conocimiento y la experiencia se hallan distribuidos por toda la organización —puesto que el director de finanzas dispone de un tipo de experiencia, el personal de ventas de otro, los trabajadores del departamento I+D de un tercero etcétera— y, en consecuencia, nadie puede llegar a conocer toda la información que necesita el grupo para funcionar eficazmente. En este sentido, la «inteligencia» de una organización depende de la adecuada y oportuna distribución y procesamiento de los diferentes tipos de información.

Curso de Inteligencia Emocional.

 

En cierto modo, podríamos decir que toda organización es «cibernética», en el sentido de que    continuamente se halla inmersa en bucles de retroalimentación, recopilando información de dentro y de fuera de ella y llevando a cabo los ajustes pertinentes. Según la teoría sistémica, en un entorno competitivo que se halla en continuo cambio, la entidad que más información puede tener en cuenta responde de un modo más rápido y creativo y, en consecuencia, es la más adaptativa.

Y este principio resulta tan aplicable al pequeño negocio de la esquina como a la multinacional, porque el flujo de información que se mueve en el seno de cualquier organización desempeña un papel crucial en su supervivencia, algo a lo que algunos se refieren hablando del » capital intelectual » de la empresa (de sus patentes, de sus procesos, de las habilidades de la dirección, de sus tecnologías y del conocimiento acumulado de clientes, proveedores y prácticas comerciales). A fin de cuentas, el potencial competitivo de una empresa —la suma de lo que conocen y hacen sus empleados— es la que determina la forma en que se mueve.

Cuando se necesita ayuda

¿Cómo funciona en la práctica el enfoque en la inteligencia emocional? Si prestamos atención al modo en que la empresa contrata a sus empleados nos daremos cuenta de que se ocupa de calibrar la química existente entre una organización y un posible candidato. Y el cuidado que ponen en evaluar las ofertas de los distintos candidatos ilustra a la perfección una aplicación práctica de la inteligencia emocional.

Hay empresas que recompensan la contratación del personal de otras firmas similares que pueden comenzar a trabajar en seguida. Como dijo cierto asesor: «el criterio central que utilizamos para reclutar a un nuevo asesor no se centra tanto en su capacidad para generar dinero desde el mismo momento del contrato como en sus cualidades personales».

Existen, pues, ciertos requisitos umbral que tienen que ver con el intelecto y la experiencia ya que, al igual que ocurre con cualquier otro trabajo del estilo, el cociente intelectual, el elevado nivel de complejidad cognitiva, resulta sumamente importante.

 

Nuestros hijos y el futuro de mundo laboral

¿Cómo podemos educar mejor a nuestros hijos para el mercado laboral que se avecina? Tal vez esto pudiera llevarse a cabo poniendo en marcha una especie de alfabetización emocional de nuestros hijos y de promover el desarrollo de las habilidades emocionales de quienes ya se han integrado al mundo del trabajo. Dado, pues, que la inteligencia emocional constituye un hito esencial para el futuro de nuestros hijos, convendrá repensar la noción de los «fundamentos» de la educación.

Los padres de todo el mundo están despertando a la necesidad de una formación más amplia que la que ofrecen habitualmente los planes de estudio tradicionales.

Tal vez el enfoque más visionario sea el que nos proporcionen los programas que cuentan con la colaboración de los gobiernos locales, las escuelas y el mundo empresarial, y que están orientados a elevar el nivel colectivo de inteligencia emocional de la comunidad.

Por su parte, las empresas más despiertas están comprendiendo también la importancia de que las escuelas se ocupen de la educación emocional de sus futuros empleados. No resulta difícil aventurar la posibilidad de que el mundo empresarial se una para promover programas de alfabetización emocional que expresen buena voluntad al tiempo que constituyen una inversión práctica para el futuro. Porque si las escuelas se ocupan preventivamente del tema ayudando a sus alumnos a dominar los principios de la salud emocional, será la empresa la que deba resolverlo de manera terapéutica cuando estos muchachos entren en el mundo laboral. Y cualquier enfoque que se centre en ayudar a las escuelas a enseñar estas capacidades sólo puede redundar en el aumento del civismo y la prosperidad económica de la comunidad.

La empresa del mañana: la organización virtual

Sólo podremos vislumbrar los resultados de la inteligencia emocional cuando las organizaciones comiencen a depender del talento y la creatividad de trabajadores que funcionen de manera autónoma.

Estos trabajadores autónomos nos permiten pensar un futuro que se asemeja al funcionamiento del sistema inmunológico, en donde células errantes descubren una necesidad urgente y se reúnen espontáneamente para satisfacer esta necesidad y terminar disipándose una vez hayan concluido su trabajo. En el contexto de una empresa, este tipo de grupos —cada uno con una combinación diferente de talentos y destrezas— pueden aparecer en cualquier lugar en que lo requiera la empresa y desaparecer una vez hayan cumplido su función.

 La cuestión es si el nuevo mundo del trabajo se convertirá en algo cada vez más sombrío, un entorno cuyas presiones laborales terminarán despojándonos de la sensación de seguridad y de los placeres más sencillos de nuestra vida, o si, frente a esta nueva realidad, podremos encontrar formas de trabajar que resulten estimulantes, plenas y nutricias.

 

 

Vea nuestro Máster en Coaching Infantil y Juvenil.