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El formador y la motivación del grupo

De nuestro curso de Formador de formadores

 

 

El/la formador/a y la motivación de los/as alumnos/as

La motivación es un elemento esencial en el proceso de aprendizaje. La motivación es aquello que nos incita a actuar y que nos conduce en una determinada dirección. Es por ello, por lo que el/la formador/a ha de intentar motivar a los/as alumnos/as en las distintas situaciones pedagógicas que aparezcan. Debemos movilizar a nuestros/as alumnos/as para que tengan deseos de aprender y se involucren activamente en su proceso formativo.

  

Todos estos aspectos influyen en el grado de motivación que presente un/a alumno/a durante un curso. Si la materia se expone con espontaneidad y se consigue crear un ambiente de trabajo amable y jovial, se conseguirá también aumentar el interés de los/as alumnos/as por las actividades a la vez que aumentará su participación.

Es importante que consiga mantener motivados a los/as alumnos/as y para ello debe tener en cuenta.

El entorno pedagógico: aula, recursos.

El acto pedagógico: lo que se transmite y cómo se transmite.

 

 En numerosas ocasiones, cuando el/la formador hace una exposición larga sobre la materia de trabajo, pueden aflorar en los/as alumnos/as sensaciones de pesadez y cansancio. Para combatir este tipo de estados, el/la formador/a puede introducir en el acto pedagógico un mínimo de “suspense” a través del cual se despierte en el/la alumno/a la curiosidad de saber qué pasará después.

3.- El/la formador/a y las actitudes de los/as alumnos/as

Durante el proceso de aprendizaje los/as alumnos/as pueden manifestar actitudes variadas que pueden ir desde la más absoluta impaciencia hasta el interés, o la curiosidad más exacerbada. Hemos de tener en cuenta que estamos trabajando con personas adultas que no están habituadas a asistir a clase y que encontrarán numerosas dificultades para aprender. Además de ello, tienen ya un bagaje de experiencias e ideas que se resistirán a cambiar y las cuales mediatizarán su proceso formativo.

Los adultos manifestarán distintas actitudes ante su proceso formativo las cuales deben ser reformuladas positivamente por el/la formador/a para conseguir los logros deseados.

A)      ¿Cómo debe actuar un formador ante determinadas actitudes de los alumnos? 

 

4.- El/la formador/a y la comunicación.

  1. La comunicación pedagógica

La comunicación pedagógica es el proceso a través del cual el/la formador/a y el grupo de alumnos/as intercambian experiencias y conocimientos. El/a formador/a debe entrenarse y prepararse a fondo para que este proceso de comunicación favorezca al máximo el proceso de aprendizaje de los/as alumnos/as y no se constituya como un elemento de interferencia.

Mediante el feed-back o retroalimentación el/la formador/a ha de comprobar continuamente si los/as alumnos/as han recibido de forma adecuada su mensaje.

Para que el proceso de comunicación pedagógica se desarrolle correctamente, el/la formador/a debe tener siempre presente los siguientes aspectos de la comunicación:

 

Cómo adaptar la comunicación a los/as alumnos/as

A pesar de que el/la formador/a tenga desarrolladas sus habilidades de comunicación, siempre tendrá que poner en juego una serie de recursos que faciliten su proceso de comunicación con los/as adultos/as. Para ello, se aconseja que ponga en marcha algunos de los siguientes comportamientos:

 

  1. La comunicación no verbal

No sólo nos comunicamos a través de la palabra, sino que los gestos y otros comportamientos también juegan un papel decisivo en el proceso de comunicación. El/a formador/a ejerce una gran influencia sobre la relación pedagógica con el conjunto de signos no verbales que utiliza, por lo que debemos tener en cuenta:

El/la formador/a debe tener mucho cuidado con sincronizar el mensaje verbal con el no verbal. Ambos han de ser complementarios y nunca contradictorios, y no podemos olvidar que la comunicación no verbal de los/as alumnos/as también nos aporta información sobre cómo ha llegado nuestro mensaje.

 

5.- El/la formador/a y el grupo.

El/la formador/a actúa como el líder formar del grupo de alumnos/as. El/la formador/a, además de transmitir información y conocimientos, debe desempeñar la tarea de dirigir y marcar el ritmo de la acción formativa. Para que esta tarea se desarrolle con normalidad y se consigan logros en el aprendizaje de los/as alumnos/as, el/la formador/a deberá considerar los siguientes aspectos:

 

  1. La Tarea

El/la formador/a ha de llevar el control y la dirección de las tareas que ejecutan los/as alumnos/as. El/la formador/a debe asegurarse de que las tareas o actividades planteadas se realizan de la manera correcta y no se desvinculan de los objetivos generales del curso. Para ello, es importante que habitualmente centre el tema de trabajo, comente los objetivos que se van consiguiendo y señale los que aún queden por conseguir. El/la formador/a debe:

Fomentar continuamente el feed-back o retroalimentación.

Adecuar el planteamiento de cada sesión de trabajo diseñando las actividades o tareas según los logros que se van obteniendo.

Procurar que los/as alumnos/as reflexionen a menudo sobre lo que van aprendiendo.

Evaluar conjuntamente con el grupo las actividades realizadas.

 

  1. Las normas o contrato social

Para que el total de la acción formativa se desarrolle con los mínimos incidentes posibles, es fundamental acordar una serie de normas que estén vinculadas a la entidad que organiza el curso de formación. Tales normas deben establecerse en los inicios del curso de formación y han de cubrir los siguientes aspectos:

Horario y finalización de cada una de las sesiones.

Duración de los descansos y frecuencia de los mismos.

Forma de realizar las actividades que se planteen.

Faltas de asistencia y justificación de las mismas.

 

Para que estas normas tengan éxito desde su planteamiento deben:

Ser respetadas por el/la formador/a y el grupo.

Abordarse con cierta flexibilidad permitiendo que sean consensuadas en la medida de lo posible.

Ser el primer tema de trabajo del curso.

  1. Las relaciones

Las buenas relaciones entre el/la formador/a y los integrantes de un grupo formativo dependen en gran medida de las impresiones que aparezcan en la primera sesión de trabajo. Para que el/la formador/a lleve a cabo una dirección eficaz del grupo y se mantengan unas relaciones cordiales, ha de intentar desde el principio:

Personalizar en la medida de lo posible descubriendo los recursos personales de cada alumno/a.

Evitar las impresiones iniciales sin dejarse llevar por los estereotipos o prejuicios sobre el comportamiento o la personalidad de los/as alumnos/as.

Observar imparcialmente.

Evitar las expresiones espontáneas y subjetivas. No dejarse llevar por su estado de ánimo.

Fomentar la relación entre todos los participantes organizando subgrupos de trabajo que permitan que todos los/as alumnos/as se conozcan.

No formular sus quejas al grupo sino llevarlas a la instancia superior de quien dependa.

 

  1. Estilos de liderazgo

Ya hemos visto que el/la formador/a, como líder formal del grupo, puede adoptar distintos estilos de liderazgo que dependerán de cada situación concreta. De esta manera, en algunos momentos el/la formador/a adoptará el tipo democrático, autoritario o liberal según que las circunstancias lo requieran. Decidir qué estilo de liderazgo desempeñar dependerá de los participantes y de su madurez sin que podamos olvidar:

La tarea: dirección y control que debe ejercer el/la formador/a sobre la actividad propuesta.

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